COP30 en Belém: la COP de los bosques (y de los pueblos indígenas), pero todavía no la del alimento
Una mirada desde la Estación Biológica y Meteoclimática Italia–Costa Rica
La COP30 de Belém pasará a la historia como una conferencia marcada profundamente por los bosques tropicales y los pueblos indígenas. Mucho menos, lamentablemente, como la COP que puso realmente en el centro los sistemas alimentarios y agrícolas, a pesar de que estos son factores clave tanto de la crisis climática como de la pérdida de biodiversidad.
El “global mutirão”: muchas buenas intenciones, pocos caminos claros
El paquete político final se llama “global mutirão”, una palabra portuguesa que indica un trabajo colectivo realizado en comunidad. El texto llama a triplicar la financiación para la adaptación de aquí a 2035, subraya la importancia de proteger naturaleza, biodiversidad y derechos indígenas, y menciona el objetivo de frenar la deforestación para 2030.
Pero faltan dos elementos clave:
- ninguna hoja de ruta oficial para abandonar los combustibles fósiles;
- ninguna hoja de ruta operativa para detener realmente la deforestación.
Y, un hecho simbólicamente fuerte: en todo el mutirão no aparece nunca la palabra “food”. Los sistemas alimentarios quedaron fuera del corazón del acuerdo.
Bosques en el centro: el nuevo fondo tropical y otros compromisos
Brasil llegó con un anuncio importante: el Tropical Forest Forever Fund (TFFF), un nuevo mecanismo para “recompensar” a los países que protegen sus bosques tropicales. Hasta ahora ha recaudado 6.600 millones de dólares, con el objetivo de llegar a 125.000 millones involucrando gobiernos, filantropía e inversores privados.
Es el mayor mecanismo de financiación forestal jamás propuesto, pero no faltan críticas:
- riesgo de fragmentar aún más la financiación climática;
- temor de que los beneficios vayan más a los inversores que a las comunidades forestales;
- solo el 20% de los fondos se reserva explícitamente a los pueblos indígenas.
Además del TFFF, en Belém se anunciaron nuevos compromisos para la Cuenca del Congo, un paquete de 1.800 millones de dólares para derechos territoriales de comunidades indígenas y locales, y recursos adicionales para monitorización y restauración forestal.
Para estaciones biológicas y meteoclimáticas, todo esto tiene un impacto directo: hablar de bosques hoy significa hablar de redes de observación, datos climáticos, inventarios forestales y teledetección. Sin mediciones fiables —desde series históricas hasta índices de humedad del suelo y estrés hídrico— la protección de los bosques sería solo un deseo.
Pueblos indígenas: más reconocimiento, acceso a fondos aún limitado
La COP30 contó con una participación récord de pueblos indígenas, más de 3.000 representantes. En los textos finales se reconocen:
- sus derechos territoriales;
- el valor de sus conocimientos tradicionales;
- fondos por 1.800 millones de dólares para derechos de tenencia hasta 2030;
- un objetivo colectivo de 160 millones de hectáreas a reconocer como territorios indígenas.
Son pasos importantes: las áreas gestionadas por comunidades indígenas suelen ser las de menor deforestación y mayor integridad ecológica. Pero persiste un problema central: el acceso directo a la financiación sigue siendo limitado, y muchas comunidades quedan al margen de los procesos de decisión.
Adaptación y agricultura: primeros pasos, pero el alimento sigue al margen
En adaptación, la COP aprobó 59 indicadores voluntarios, incluidos 5 dedicados a sistemas alimentarios y agricultura. Es un avance hacia una visión más integrada entre clima, agricultura y seguridad alimentaria, pero los indicadores son no vinculantes.
El proceso específico sobre agricultura (Sharm el-Sheikh joint work) concluyó con un aplazamiento a 2026: ninguna decisión sustancial sobre agroecología, mercados de carbono agrícolas, innovación o financiación.
Una hoja de ruta ausente para la deforestación
Más de 90 países apoyaron crear una hoja de ruta global para detener la deforestación para 2030. Sin embargo, la propuesta no entró en el texto final. Brasil prometió impulsarla igualmente fuera del proceso formal de la UNFCCC.
¿Por qué importa a una estación Italia–Costa Rica?
Para una estación biológica y meteoclimática que une Italia y Costa Rica, esta COP30 es relevante por tres razones:
- Bosques como aliados del clima
Los nuevos fondos reconocen el papel fundamental de los bosques tropicales —incluidos los costarricenses y amazónicos— para el clima, la biodiversidad y el ciclo del agua. - Observaciones de largo plazo
Adaptación, monitoreo forestal y mercados de carbono requieren series históricas de datos. Estaciones como “Italia–Costa Rica” pueden ser nodos esenciales entre lo local y lo global. - Diálogo entre ciencia y comunidades
La mayor presencia indígena invita a unir investigación científica y saberes tradicionales. En Costa Rica, donde la conservación es una decisión país, estos espacios pueden ser puentes activos entre ciencia y territorio.
En síntesis, Belém fue realmente la COP de los bosques y de los pueblos indígenas, pero todavía no la del alimento ni de los sistemas agrícolas. Para quienes trabajamos entre bosques tropicales, instrumentos de medida y datos climáticos, el mensaje es claro: la política avanza lentamente, pero el valor de la observación científica continua hoy es más estratégico que nunca.
Para profundizar: análisis completo en Carbon Brief, “COP30: Key outcomes for food, forests, land and nature at the UN climate talks in Belém”.
https://www.carbonbrief.org/cop30-key-outcomes-for-food-forests-land-and-nature-at-the-un-climate-talks-in-belem/






